?Por que fracasaron los di?logos de paz? Print
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Bulletin archive - Bulletin Issue7 July?September 2002
Sunday, 07 September 2008 17:25
Existe un problema fundamental en Colombia que se encuentra en el transfondo de todos los acontecimientos políticos: la exclusión de la mayoría de la población de toda participación real en el poder político. Este hecho se articula a través de dos conflictos: el conflicto armado y la lucha social.

El conflicto armado se encuentra profundamente enraizado en el país. Los movimientos guerrilleros FARC y ELN han combatido al estado durante los últimos 40 años. Colombia detenta los peores índices de violaciones de los Derechos Humanos del hemisferio occidental. Los grupos paramilitares colombianos, auspiciados por el estado, cometen entre 5.000 y 8.000 asesinatos anualmente.

La lucha social incluye la resistencia de los movimientos sociales y sindicatos, que mantienen una respuesta combativa a pesar del régimen de terror promovido por el estado contra ellos. La sociedad colombiana se encuentra tan profundamente dividida, con índices record de desigualdad, desempleo y pobreza gracias al capitalismo neoliberal, que la continuidad de la resistencia es inevitable como único modo de asegurar la supervivencia.

Colombia se encuentra en un estado de guerra civil. Para que una propuesta de paz sea viable es imprescindible que sea incluyente, debe abarcar tanto el conflicto armado como la lucha social, debe ofrecer reconciliación y debe asumir el ideal de justicia social para los colombianos.

Desgraciadamente los dos procesos de diálogo entre el gobierno del presidente saliente Andrés Pastrana y las FARC por un lado y el ELN por otro se han roto. Este hecho no es nada nuevo en la historia de Colombia, pero el grado de propaganda generado para perfilar la opinión pública internacional no tiene precedente. Es por ello especialmente importante tener una idea clara de lo que ha estado en cuestión durante el proceso, tanto en términos tácticos como estratégicos. El periódico liberal The Guardian por ejemplo cometía el error de culpar a la linea 'tradicionalista' de las FARC por la ruptura de los diálogos. De hecho las FARC habían realizado concesiones considerables, pero no estaban dispuestas a transigir en un punto central: no aceptarían un cese el fuego mientras el gobierno permitiera a los grupos paramilitares operar con plena impunidad. Fué claramente Andrés Pastrana quien, cada vez más presionado por los Estados Unidos, rompió unilateralmente los diálogos, invadiendo el 'área de diálogos', con un aviso previo de menos de tres horas. Los Estados Unidos y las fuerzas armadas colombianas creen contar con ventaja táctica y quieren aprovecharla.

The Observer en un artículo por el ex-director de las Fuerzas de Paz de EE.UU, de contenido incluso más derechista, en el que afirmaba que el presidente electo Uribe Vélez 'necesitará mucha ayuda'. Exactamente éso es lo que Bush le está ya ofreciendo. La embajadora de EE.UU en Colombia, Ann Patterson, felicitaba a Uribe Vélez incluso antes de que los resultados fueran anunciados a los colombianos. El Sub-Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Otto Reich, quién previamente trabajó para Reagan en la política de 'contra' en Centroamérica, se apresuró a acudir a Bogotá. Unos pocos días después, Estados Unidosha prometido 50 millones de dólares adicionales para la adquisición de nuevos helicópteros armados. Funcionarios de la Casa Blanca han estado urgiendo a Colombia para que doble sus gastos de guerra. Los 'ejes del mal' están empezando a rodar. Uribe Vélez visistará a Bush el 20 de junio, para después viajar a Canada, Francia, Gran Bretaña y España.

Antes de dejarnos llevar por las llamadas a aumentar más aún las ayudas al estado colombiano, complementadas por presiones para una implicación directa de Naciones Unidas, deberíamos analizar estratégicamente por qué los diálogos de paz han fracasado. Existen dos razones internas. Sucesivos gobiernos han iniciado los procesos de diálogo con la creencia de que su enemigo era mucho más débil de lo que realmente es, así los diálogos serían una simple negociación de los términos de rendición de las guerrillas, sin que ninguna concesión significativa por parte del gobierno fuera necesaria. Esta actitud es consecuencia de la lógica de guerra y la psicología de las fuerzas armadas, pero está lejos de la realidad. Las FARC en particular operan en todo el país, con bases en muchas áreas rurales.

El segundo obstáculo consiste en que los movimientos guerrilleros incluyen en su agenda demandas sociales y económicas de carácter popular, que el gobierno no está preparado o es incapaz de conceder. Los recientes diálogos entre el ELN y el gobierno colombiano en Cuba son un claro ejemplo. El ELN ofreció el fín de las hostilidades con la condición de que el gobierno abriera de nuevo las escuelas y hospitales que había cerrado en los últimos dos años y que procediera a congelar los precios de los servicios públicos por 6 meses. Pero es justamente el tijeretazo a los gastos públicos lo que Pastrana había acordado con el FMI en diciembre de 1999. De esta forma, Pastrana tendría que romper con el FMI para satisfacer las demandas del ELN y las necesidades de la mayoria pobre de Colombia. Pastrana ni tan siquiera respondió y los diálogos se rompieron.

El error más grave de todos sería creer que Estados Unidos quiere la paz en Colombia. Al contrario, en el nombre del contraterrorismo, Bush está empujando al país más profundamente en el abismo de la guerra. La política de Estados Unidos se basa en la necesidad de quebrar toda resistencia a su proyecto geo-estratégico del Área de Libre Comercio de las Américas; es una política agresiva de pacificación no de paz. Parafraseando al cantante chileno asesinado Víctor Jara, los Estados Unidos no dejarán a los colombianos vivir en paz.

La verdadera opción para todos aquellos que queremos ver una Colombia en paz es por lo tanto el anti-imperialismo. Los diálogos de paz han fracasado una vez más, sin embargo al movilizarnos contra el imperialismo de Estados Unidos y sus aliados estamos trabajando por un proceso de paz real.